jueves, 19 de noviembre de 2009

Sin pistas de un ladrón que se tiró al mar en su huida


Nada se sabe de un individuo que hace tres semanas se lanzó al mar en el puerto cuando se vio acorralado por los vigilantes de seguridad de un centro comercial que lo perseguían por robar un chándal. La policía descarta su muerte, pues hubiese aparecido el cuerpo en algún momento, toda vez que en la zona de la Dársena no hay mareas que lleven a un ahogado mar adentro. Más bien se inclinan a pensar que el ratero se metió bajo un pantalán del puerto deportivo y aguardó allí hasta asegurarse de que nadie lo perseguía. Mojado, pero libre, sin grilletes.
El suceso sucedió en una tienda de deportes de El Puerto Centro de Ocio. El individuo accedió a su interior, se hizo el buen cliente y se interesó por un chándal de los que allí había expuestos. Uno bueno y caro. De los de marca. A pesar de que su intención era la de llevárselo puesto, poco le importaba la talla porque, casi con total seguridad, no iba a ser para él, sino para el que se lo comprara. Pidió probárselo en uno de los probadores. Salió a los pocos minutos y, con disimulo, tomó camino hacia la puerta, abandonando el establecimiento tranquilo, pues llevaba una de esas bolsas forradas con papel de aluminio para burlar los sistemas de seguridad. El dependiente lo vio. Le sorprendió su actitud y le pidió que regresara. El ratero echó a correr.
Dos guardias jurados del centro comercial lo ven y salen tras él. Lo persiguen hasta la calle, corren tras él y al llegar a la dársena deportiva del Club Náutico ven cómo el individuo, acorralado, opta por lanzarse al mar. Y desaparece. No lo volvieron a ver.
La policía supone que el delincuente se habrá escondido bajo uno de los pantalanes de la Dársena. Los testigos creen que se trata de un joven de nacionalidad rumana. La policía se personó en el lugar y, tras una inspección, optan por abandonar la búsqueda. Hasta hoy.

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