miércoles, 6 de octubre de 2010

«La cabra se ahogó a las tres horas y pensé que yo iba detrás»

JOSE TORRES. MÁLAGA Blas Jiménez ha aprendido la lección. A sus 73 años, este curtido cabrero pasó el pasado viernes por un episodio que, según sus propias palabras, no se volverá a repetir. Sobre las 15.00 horas, Blas comandaba su rebaño de cabras en los alrededores de la obra de acceso a la hiperronda, entre la barriada de Los Asperones y el cementerio de San Gabriel, donde el destino le había preparado una encerrona que no olvidará.
Ni su bastón, ni su onda ni las piedras pudieron evitar el suceso. Una de sus chivas intentó cruzar una tabla de madera que apenas lograba tapar un pozo ciego. El animal no pisó bien. La tabla se volteó y cayó inevitablemente al fondo del pozo lleno de agua. «La cabra no habría caído si no se hubiesen llevado la arqueta que tapaba ese pozo», se quejó ayer Jiménez, quien apuntó que cree que robaron la tapa para venderla como chatarra.
El error de Blas fue que apenas lo pensó. Vio factible rescatar al animal y bajó como pudo los aproximadamente dos metros de altura que le separaban de la cabra. Cuando prácticamente creía que la alcanzaba, el pastor también perdió el pie y cayó al fondo. Aquí comenzó un episodio que le hizo recordar a los vividos hace muchos años. La muerte de dos de sus hermanos, también cabreros, despeñados en la Peña de los Enamorados y en Vélez Málaga, respectivamente, o las múltiples caídas que él mismo ha sufrido en sus infinitas jornadas de sol a sol. «El agua me llegaba al pecho, pero estaba convencido de que podría salir de allí», aseguraba ayer Blas, quien reconoció que su máxima preocupación durante las primeras horas fue el destino de su rebaño, que quedó abandonado a su suerte.
Se equivocó. Sus innumerables intentos por alcanzar la superficie sólo consiguieron que el cansancio le fuera venciendo. Como a la cabra, a la que consiguió mantener con vida durante la mitad de la pesadilla. «La cabra se ahogó a las tres horas y pensé que yo iba detrás», afirmó. Poco faltó. La noche se le echaba encima y el frío ya le pasaba factura. «No hubiese superado la noche, ni hablar», exclamó el pastor en referencia al frío.

Larga espera


Pero Blas, natural del municipio de Villanueva del Rosario, aguantó agarrándose a las piedras y a la vida hasta poco antes de las 20.00 horas. Cinco horas de esfuerzo y gritos de auxilio tuvieron su recompensa. En el silencio del atardecer, un vigilante de seguridad de la obra del acceso de la hiperronda escuchó su voz y siguió su rastro hasta el agujero.
El vigilante alertó a la Policía Nacional sobre la presencia de un hombre en el fondo de un pozo. Los agentes se personaron en pocos minutos en el lugar de los hechos junto a una patrulla de la Policía Local y una dotación del 061. Según fuentes de la Comisaría Provincial de Málaga, fueron los propios agentes los que consiguieron sacar al hombre del pozo sin que fuera necesaria la presencia de los bomberos.
Las mismas fuentes aseguraron que Jiménez no necesitó atención médica, aunque los agentes decidieron llevarlo al Albergue Municipal de Málaga donde se pegó un necesario «baño de agua caliente».
Así lo confirmó el protagonista de este suceso, que a la mañana siguiente volvió a primera hora a la zona para recuperar su ganado. El susto había terminado. Cuando llegó comprobó que su casi un centenar de cabras y ovejas esperaban, tumbadas al sol, en los mismos alrededores de sus corrales. El pozo, en el que se quedaron la chiva de tres años, su zapato y su onda, ya ha sido sellado con cemento.

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