Ahora bien, como el propio departamento reconoce, este salto cualitativo no se puede hacer a la ligera y es exigible que los guardias privados que gocen de la condición de agente de la autoridad sean los mejor preparados y hayan superado con nota los cursos correspondientes. Porque la medida tiene un doble objetivo: proteger mejor a los agentes que pueden ser objeto de agresiones, como la que se produjo en pasado 1 de abril en la estación de Castelldefels, pero también aumentar su responsabilidad cara al trato con los ciudadanos. Las agresiones a los guardias privados con el nuevo estatus serían ya un delito -castigado con penas de dos a cuatro años de cárcel- y no una falta, como ocurre ahora entre ciudadanos particulares, pero, a cambio, recibirían también una pena mayor en caso de violar ellos la ley.
Interior debería también dejar muy claro, en la prevista reforma de la ley de seguridad catalana, que esta iniciativa, que la fiscalía ya solicitó tiempo atrás para médicos o directores de colegio, no pretende la privatización progresiva de la seguridad pública.
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