Ayer volvía andando tranquilamente por la calle. Explicaba a los que un día fueron sus vecinos que el hambre le condujo a un camino de delincuencia. De hecho, fue el robo de tres gallinas lo que le llevó a prisión por primera vez, aunque su mayor condena fue en 1965 por el atraco a una joyería madrileña que se saldó con la muerte de un vigilante de seguridad.
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